Ángela
Han pasado algo más de tres meses desde que me mudé a Milford. Poco a poco he conseguido adaptarme a mi nueva vida. Es un pueblo tranquilo, donde conoces a todo el mundo por su nombre y el ritmo parece ir mucho más despacio que en Nueva York. Justo lo que necesitaba para empezar de cero y afrontar mi embarazo con calma.
Sin embargo, después de revisar mi cuenta bancaria, la realidad me golpea de frente. Llevo más de tres meses sin trabajar: primero por el despido, después por la mudanza