Adela
Después del beso improvisado, Hyeon me baja de su regazo ante mi mirada suplicante. En cuanto mis pies tocan el suelo, miro a mi alrededor, avergonzada. No estoy acostumbrada a recibir tanta atención.
Hyeon no aparta los ojos de mí. Mantiene una mano apoyada en mi cintura y el simple contacto me quema, como si hubiera acercado la piel a un volcán en erupción.
Antes de que pueda ponerme todavía más nerviosa, la música cambia (Es hora de bailar). Aprovecho la oportunidad para alejarme y m