ANGELA
El médico había sido claro: tanto el bebé como yo estábamos bien. Después de una semana ingresada en observación, por fin nos dieron el alta. El sangrado había desaparecido, las pruebas salieron tranquilizadoras y ya no existía ningún motivo para seguir en el hospital. Solo quedaba hacer reposo, evitar el estrés y dejar que mi cuerpo terminara de recuperarse del susto.
Gabriel seguía muy preocupado, así que insistió en que me quedara en su casa hasta recuperarme por completo. En realida