CAPÍTULO 26 Tu puedes...
GABRIEL
Nunca había visto a Octavio entrar en mi despacho de aquella manera.
La puerta se abrió de golpe, chocando contra la pared y rápidamente levanté la vista del ordenador, dispuesto a reprocharle la falta de modales, pero bastó con verle la cara para comprender que algo iba terriblemente mal.
Estaba pálido y le temblaban las manos.
—Señor...—dice Octavio mientras respira con dificultad.
Se quedó sin aire.
Me levanto de inmediato, dejando caer la silla a mi espalda.
—¿Qué pasa?
Octav