ÁNGELA
No voy a mentir. Cuando Gabriel vino a casa estaba completamente alterada. Tenía las hormonas revolucionadas, llevaba todo el día vomitando y, para rematar, él prácticamente me obligó a dejarlo entrar. Con ese panorama, era imposible mantener una conversación medio decente.
Sé que Gabriel tiene un carácter dominante, pero, j*der… es un mandón de cuidado. Y, encima, un mentiroso.
Suelto un largo suspiro mientras me dejo caer en el sofá. Haber vuelto andando desde el trabajo me ha dejado s