GABRIEL
Ángela estaba demasiado alterada y lo último que necesitaba era seguir discutiendo conmigo. Ahora ya no solo tenía que pensar en ella, también en el bebé. La ansiedad no le hacía ningún bien, así que, por mucho que me molestara, decidí marcharme.
No porque quisiera.
Si hubiera hecho caso a lo que me pedía el cuerpo, me habría quedado allí el tiempo que hiciera falta. Habría soportado todos sus gritos, cada uno de sus reproches y hasta sus insultos con tal de conseguir que me escuchara c