Ángela
No me toca, aunque mentiría si dijera que no quiero que lo haga.
Ante su cercanía, mi pulso acelera y suelto:
—No puede hacer esto.
Sus ojos recorren mi rostro lentamente.
—¿El que?
—Intimidarme así…—murmuro.
Frente a mí está el mismo Gabriel que conocí aquella noche: el hombre capaz de hacerme perder la compostura con solo mirarme.
—Si no hubieras flirteado con ese idiota…—murmura muy bajo.
Arrugo el rostro ante esa afirmación.
—No sé de qué me habla…
Su mirada desciende lentamente hast