SAMUEL
Las horas se arrastran como animales heridos en la sala de espera del hospital. Las paredes blancas devuelven el eco de los pasos de las enfermeras, el carrito de las medicinas, los murmullos de otros familiares que también esperan noticias que no llegan. El reloj de la pared marca las once de la noche, pero yo perdí la noción del tiempo hace horas.
Marco está sentado a mi lado. No se ha movido desde que llegamos. Sus manos descansan sobre las rodillas, entrelazadas, los nudillos blancos