SAMUEL
Marco exhala.
—Pero —continúa el médico, y la palabra nos golpea como un puñetazo—, el veneno estuvo en su organismo durante semanas. Administrado en dosis pequeñas, mezclado con la comida, con el agua, con los jugos que le daba para mantenerla sedada.
—Lo sé —dice Marco, y en su voz hay un odio que no había escuchado nunca—. Ese maldito me lo confesó.
—Las dosis prolongadas —explica el médico, con la voz más baja— causaron daños en su sistema nervioso. No son permanentes. No van a afec