SAMUEL
La mañana llegó y todo parecía estar normal. El sol entraba por las ventanas del comedor como cada día, el café humeaba en las tazas, los chicos bromeaban sobre las grabaciones. Pero algo en mí se mantenía alerta. Cada ruido, cada mirada, cada gesto me parecía parte de un engranaje que estaba a punto de romperse.
Mauricio anunció en el desayuno que tendríamos una reunión a las cuatro para mostrar el primer borrador de la canción. Habló de luces, de tomas, de la magia del producto final.