SAMUEL
Mientras espero que me sirvan un trago, escucho sin querer la conversación de un grupo de socios cerca de mí. Hablan de Valeria. Alaban su excelente presentación del proyecto, dicen que tiene un gran futuro, que es una arquitecta brillante.
Recorro el lugar con la vista. No la encuentro, ni a mi padre. Solo caras desconocidas, sonrisas falsas, brindis vacíos.
—Samuel.
La voz de Sofía me saca del trance. Está a mi lado, con una copa de vino en la mano y una expresión que no sé descifrar.