VALERIA
Damián sonríe y desaparece hacia la cocina, dejándome privacidad.
Acepto la videollamada.
—¡Valeria! —grita Sofía—. ¡Por fin contestas una videollamada! Te he mandado un montón de mensajes, ¿los viste?
Su sonrisa ilumina la pantalla.
Y yo, por un momento, envidio esa luz.
—Claro que los vi —sonrío, contagiándome un poco de su energía—. Solo que aquí el trabajo es intenso y se me olvidó responderte.
—¿Y cómo está todo por allá? ¿La casa? ¿El proyecto? ¿Damián?
—Todo bien —respondo, autom