La luz es blanca, cegadora. No sé de dónde viene, ni por qué me duele. Parpadeo una vez, dos, tres, hasta que mis ojos se acostumbran al resplandor. El techo es alto, blanco, con una lámpara apagada en el centro. Las paredes son blancas. Las sábanas son blancas. Todo es blanco, como si hubiera muerto y hubiera llegado a algún lugar que no esperaba.
No sé dónde estoy, no sé qué pasó, ni cuánto tiempo ha pasado. Intento mover la mano, pero me cuesta, intento hablar, pero la garganta no me respond