SAMUEL
Los días se convierten en una misma cosa. El blanco de las paredes. El pitido constante de los monitores. El olor a antiséptico que se pega a la ropa, a la piel, al alma. No sé cuántos días han pasado. Tres, cinco, una semana. El tiempo se ha vuelto una masa espesa que no puedo medir, que no quiero medir. Solo sé que estoy aquí. En esta silla de plástico que me ha dejado marcas en la espalda. En este rincón del hospital donde el sol entra por la mañana y se va por la tarde sin que yo lo