DAMIAN
El teléfono suena en la oscuridad de la habitación. Son las tres de la madrugada. Llevo una semana escondido en esta casa de playa que Andrés me recomendó, una semana mirando el mar desde la ventana, esperando que el mundo se calme.
—Damián —dice Andrés del otro lado, y su voz es más grave de lo que recuerdo.
—Dime —respondo, con la garganta seca.
—La situación está complicada.
Me siento en el borde de la cama.
—Cuéntame —digo.
—La policía te está buscando —dice Andrés, y cada palabra es