La cama estaba bañada por la cálida luz del sol de la tarde de finales de otoño cuando María se despertó lentamente.
Pasó toda la noche atrapada en los brazos de Manuel, y el suave aroma fresco de él llenaba su nariz, lo cual le resultaba un tanto incómoda.
Después de un sueño intranquilo que la mantuvo entre el sueño y la vigilia hasta altas horas de la madrugada, finalmente logró conciliar un sueño ligero.
Cuando abrió los ojos, notó que el lado de la cama estaba tan frío como el agua, vací