—Mmm… ¡No quiero! ¡Suéltame, desvergonzado mentiroso, maldito…!
María estaba llena de ira, y aún no se le había pasado. Sacudió la cabeza de un lado a otro, sintiéndose muy disgustada. En ese momento, se resistía firmemente a Manuel, incluyendo sus besos.
Él quería besarla, pero ella se negaba rotundamente. En sus brazos, ella se retorcía como una serpiente, moviendo desesperadamente su cuerpo para evitar que él la besara. No estaba dispuesta a dejarlo acercarse.
Siempre era así con ella, le dab