Rápidamente envuelta en la bata blanca, se zambulló en el agua tibia, dando pasos tambaleantes hacia él.
Sin embargo, la resistencia del agua era demasiado fuerte. A pesar de su deseo de llegar rápidamente al lado de él, la resistencia hacía que sus pasos fueran lentos.
El rostro de María estaba lleno de ansiedad mientras continuaba llamándolo: —¡Manuel, qué te pasa! ¡Respóndeme, por favor, no me asustes…!
Su voz se volvía cada vez más desesperada, resonando en la tranquila piscina de aguas term