María recordó la advertencia de Luis de hacerlo feliz, colaborar lo máximo posible, de lo contrario, el estado de ánimo de ese hombre empeoraría, llegando a un punto inimaginable.
Sin opciones, enderezó la espalda, se separó ligeramente de él y, de manera torpe, deslizó sus fuertes brazos, desabrochando el único botón en su elegante chaqueta, y luego, la mirada se posó en su camisa negra.
Vio su pecho blanco y firme, que se movía con la respiración, bajo su mirada intensa...
Luego, descendió hac