Sentía un fuerte hormigueo en los dedos, le dolían tanto que no podía dejar de temblar por todo el cuerpo. Eran como si fueran punzadas en la médula, ¡la hacían sufrir hasta el extremo!
María se asustaba tanto que su corazón casi dejaba de latir. Miró bruscamente hacia arriba y vio a un matón con una expresión feroz, quien levantaba de nuevo el brazo, apuntando hacia ella de manera amenazante.
El recién llegado no era amistoso, parecía un forajido que realmente quería poner fin a su vida con un