Luisa nunca habría imaginado que un día volvería a poner un pie en la lujosa mansión de la familia Sánchez. Parada junto a la puerta de hierro tallado, su rostro estaba pálido. Aunque llevaba los cosméticos más caros y un maquillaje exquisito, no podía ocultar la fatiga y la desolación que se filtraban desde lo más profundo de su ser. Permaneció allí de pie durante unos buenos diez minutos antes de entrar.
Al ingresar al patio, las flores, los árboles y las hierbas susurraban suavemente. En com