Ese hombre siempre era así, una frase podía hacerla sentir avergonzada y enojada, mientras que otra podía hacerla reír entre lágrimas. Su influencia sobre ella era realmente demasiado grande, y eso no era algo bueno.
—Si no te opones, considero que la has aceptado.
Una voz masculina suave y baja llegó a sus oídos. María volvió en sí y se dio cuenta de que Manuel, no sabía cuándo, se puso de pie a su lado, mirándola con la cabeza baja y con una mirada llena de una risa sutil.
¿Cuándo lo aceptó el