—Umm…
María no sabía quién la estaba abrazando ni a dónde la llevaba, solo seguía instintivamente retorciéndose hacia el frío bloque de hielo.
Nicolás nunca antes la había visto con esta encantadora y lastimera expresión. ¡Su corazón se volvía gelatinoso! No queriendo que el conductor viera su seducción, Nicolás bajó rápidamente el divisor entre los asientos delanteros y traseros, dividiendo la cabina en dos mundos separados.
Los ojos melancólicos de Nicolás se fijaron en María. Agarró su cálida