María se quedó atónita por un momento.
Sentada de manera estupefacta en el suave cojín del coche, permitió que Manuel separara sus labios, exigiendo con fuerza el sabor exclusivo de su dulzura.
Su beso era denso como la lluvia golpeando las hojas de plátano, llegando de manera inesperada y con una intensidad abrumadora. Al parecer, estaba impregnado de una sensación de soledad y desolación que no podía expresarse con palabras.
María percibió agudamente que su estado de ánimo no era bueno. ¿Qué l