Manuel se apoyó en el barandal tallado del pasillo, encendió un cigarrillo y, después de inhalar profundamente, apagó la colilla después de exhalar el humo. Luego, entró en su estudio, lanzó la colilla de manera precisa dentro del cenicero en la mesa.
En la comisura de sus finos labios, se formó una sonrisa fría e imperceptible.
Si ella no venía a dormir en el dormitorio del segundo piso, él iría a buscarla a la habitación de invitados.
¡Era tan sencilla la cosa!
Su personalidad siempre fue deci