Capítulo 31. Acorralada
Capítulo 31. Acorralada.
Aquella noche Lucien no volvió a dormir en la habitación. Tampoco en las siguientes. Me sentía estafada conmigo misma; no entendía lo que me pasaba. Por una parte lo odiaba, y por otra, lo echaba de menos.
Tampoco había recibido noticias de mamá, ni había vuelto a ver a Rosa. Suponía que estaba viviendo su propio cuento de hadas, pero yo no podía sentir otra cosa más que envidia y rencor. No hacia ella, sino hacia el mundo entero, porque todos parecían tener derecho