La noche cayó con calma, pero en la casa se sentía una tensión invisible.
Elizabeth y David habían cenado algo ligero. Luego, él puso una película para que ambos se distrajeran.
—Es una comedia —dijo él, mientras se acomodaba en el sofá—. No creo que lloren al final, pero no prometo nada.
—Después del día de hoy, necesito reír un poco —respondió ella con una leve sonrisa, abrazando una manta.
La película avanzó. Las risas suaves de Eli rompían el silencio a ratos.
David, sin decirl