La noche después de ver a Liam fue una tortura de sombras y recuerdos. Elizabeth no pudo dormir. Se encerró en el baño, el agua corriendo del grifo apenas lograba tapar los sollozos que intentaba contener. Temblaba. Sentía que su cuerpo era una trampa. Su mente, una cárcel. Y su alma, una herida abierta.
Recordó la última vez que Liam la miró así… con esa mezcla de posesión y desprecio.
“¿Quién te va a amar con todo lo que cargas?”,
le había dicho entonces, como un veneno que llevaba años cir