Elizabeth despertó con el sonido de la lluvia golpeando suavemente los cristales. A pesar de todo lo vivido, por primera vez en semanas, no sentía miedo al abrir los ojos. David dormía en la butaca del hospital, inclinado hacia un lado, agotado pero tranquilo. A su lado, un pequeño ramo de flores y una caja con jugo y galletas dejaban claro que había pasado toda la noche cuidándola.
Recordó el caos del día anterior. La escena con Adrián aún la sacudía por dentro, pero algo había cambiado: ya no