54. Los tesoros de Evdenor.
Los días posteriores a la idílica cita en la colina se deslizaron con una lentitud exasperante para la princesa Celestine. Sabía, por experiencia propia, que conquistar al Príncipe Evdenor era una empresa comparable a domar un halcón salvaje: requería paciencia, astucia y un firme manejo del ego. En sus visitas anteriores, había chocado una y otra vez contra el muro de hielo que el heredero de Haro erigía alrededor de sí mismo. Su fama de ser un ser cruel, distante y emocionalmente inaccesible