35. Gwaine.
La tensión en el claro era tan espesa como la niebla que los había rodeado. Los gemelos, con las manos aún firmemente aferradas al mango de sus espadas, miraban al recién llegado con una mezcla de expectación y profunda confusión.
—¿Lo conoces? —preguntó Ralion a su hermano en un susurro áspero, sin apartar los ojos del hombre de la lanza.
Lioran negó con la cabeza de inmediato, su ceño fruncido en un gesto de concentración.
—En mi vida lo había visto. No es un rostro que se olvide.
Ambos girar