*—Max:
Max alzó una mano y acunó con suavidad la mejilla de Antonella, sus dedos deslizándose con adoración por su piel cálida. Su mirada, llena de una mezcla de asombro y devoción, se perdió en esos ojos verdes que lo habían cautivado desde el primer momento.
—Sabes… —murmuró, acariciando su mejilla con el pulgar—. Es como si hubiéramos sido hechos el uno para el otro.
Antonella sonrió, inclinando ligeramente la cabeza mientras lo miraba con dulzura.
—¿De verdad lo crees?
Max no lo creí