Tres semanas después del arresto que sacudió los cimientos de la alta sociedad, los ecos del escándalo de Sofía de la Vega se habían transformado en una lección ejemplar para el entorno empresarial y social de la ciudad. El proceso legal avanzaba con una rapidez inusitada, impulsado no solo por la influencia y los recursos ilimitados de Sebastián Castellanos, sino por la contundencia de unas pruebas que no admitían debate alguno. El bufete de los licenciados Benavídez y Alvear había blindado ca