Clary despertó antes de abrir los ojos del todo.
No fue el ruido.
Ni la luz.
Fue la sensación extraña de no estar sola.
Abrió los párpados despacio y durante un segundo no entendió qué estaba viendo. La habitación seguía envuelta en esa claridad suave del amanecer, azulada todavía en los rincones más lejanos. La ventana estaba apenas dorándose. El aire olía a sábanas limpias, a noche dormida y a algo más.
A él.
Jack estaba en el sillón junto a la cama.
Dormido.
La cabeza un poco ladeada hacia a