32. Recuerdos que duelen
Dar paso a la docilidad que cuidar a Milena ameritaba y que debía de tomar desde hoy ante ella probablemente y quizás hasta el momento final de nuestra partida de este lugar dio un anunció claro de que solo para mí vendrían una serie de acontecimientos y evidentes cambios.
Yo Alexander, quien estaba tan acostumbrado a ser servido hoy se dignaría por primera vez en muchos años a servir cosa que nunca hasta el sol de este día me hubiera dignado a admitir a hacer delante de nadie y menos de una