Carmine se despertó sobresaltada, con el corazón latiendo con fuerza y la respiración agitada. Había tenido una pesadilla, una que prefería no recordar. Levantó la mirada, y se encontró con el rostro tranquilo de Giacomo, dormido a su lado. Verlo a su lado la hizo sentir mucho mejor.
Estiró una mano y la colocó sobre su mejilla. El calor de su piel le confirmó que aquello era real.
De repente, Giacomo abrió los ojos, e, instantáneamente, una sonrisa cálida adornó su rostro.
—¿Todo bien? —pregun