Carmine saltó de la cama y corrió al baño. Apenas logró llegar al inodoro antes de comenzar a vaciar el poco contenido de su estómago. Algunas lágrimas escaparon de sus ojos debido al esfuerzo que le producían las arcadas. Después de diez largos minutos, al fin logró calmarse. Se puso de pie, sintiéndose débil, y se acercó al lavabo para cepillarse los dientes.
No podía seguir actuando como si nada de aquello estuviera sucediendo. Regresó a su habitación y buscó la prueba de embarazo que había