Carmine soltó un suspiro y dejó el tenedor sobre su plato con más fuerza de la necesaria.
—Es suficiente, ya dime qué sucede.
—¿Qué quieres decir? No sucede nada.
—No me mientas —insistió, cruzándose de brazos—. No has dejado de mirarme durante toda la cena como si habría algo que quisieras decirme. Entonces, ¿de qué se trata?
Giacomo sonrió al notar el ceño fruncido de Carmine y el fuego que bailaba en su mirada. No lo diría en voz alta, pero no podía evitar pensar en lo adorable que se veía c