Carmine abrió la puerta y se le cortó el aliento al ver a Giacomo. Debía ser ilegal verse tan bien usando vestimenta casual. Dejó de comerlo con la mirada, esperando que él no hubiera notado nada, y se hizo a un lado para dejarlo entrar en su departamento.
—¿Te importaría esperarme unos minutos? —preguntó—. Aun no estoy lista.
—Tómate tu tiempo, estaré justo aquí —dijo Giacomo, sentándose en el sofá. Se veía demasiado bien allí, como si él fuera el dueño
Carmine se dio la vuelta rápidamente y p