Giacomo desvió la mirada de los documentos en su mano hacia su celular, que yacía sobre su escritorio, tentándolo a levantarlo. Eran más de las nueve de la noche, y aún tenía mucho trabajo por delante, pero su mente no podía concentrarse en nada más que en la cita de Carmine con Damiano. Un nudo se formó en su estómago al imaginarla a su lado, riendo, disfrutando de su compañía. La idea de que ella estuviera con otro hombre lo irritaba más de lo que quería admitir.
Se preguntó si ella ya habría