Carmine siguió al mesero a través del restaurante hasta la mesa donde Damiano la esperaba. Al verla, él se puso de pie, y una sonrisa iluminó su rostro. Si de por sí era atractivo cuando estaba serio, esa sonrisa lo hacía aún más irresistible.
Ella lo recorrió con una mirada apreciativa. Al igual que la última vez que se vieron, Damiano vestía un traje impecable que se ajustaba a su figura a la perfección. Era evidente que tenía un excelente físico, una señal clara de que debía pasar varias hor