Le acarició el rostro, le murmuró algunas palabras para desearle feliz cumpleaños. Las lágrimas brotaron de ella. Ignacio, quien la había seguido, se acercó y la abrazó por detrás, siguiendo el acto de mirar a su hija y desearle un feliz cumpleaños.
—Es hermosa nuestra princesa. Sabes que sería ideal, que tuviera hermanos, pero haremos esos papeles, para que no se sienta sola y evitarnos más niños.
—Sí, amor, nos esforzaremos para que ella no se sienta sola ni abrumada por ser hija única. Ser