Unos minutos más tarde, se separaron, vistieron y continuaron su camino. Ignacio conducía, ella lo miraba buscando entender sus recientes comportamientos.
Habían llegado y guardado el auto, decidieron que era mejor que no subiera a despedirse de Salomé una vez más. Estaban esperando el servicio solicitado. Ignacio la tenía abrazada por la espalda, besando su cuello, disfrutando de su aroma.
—Dale un beso a la jefecita, dile cuanto la amo —pidió el hombre cariñoso.
—Por supuesto, avísame al lleg