Jules cogió el décimo bocadillo y lo llevó a la boca sin saborearlo. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se había dado cuenta que llevaba rato comiendo y Dylan solo ponía plato tras plato delante de él.
–¿Estás bien?– le preguntó el lobo rellenando su vaso.
–¿Ehh?– él sacudió la cabeza –¿Decías algo?–lo miró confundido.
–Jules, qué si estás bien, aunque sé que puede parecer estúpido preguntarlo–habló con mucha paciencia.
Él asintió con la cabeza con una sonrisa fingida.
–Mejor, no tie