–¡Corre!–escuchaba a su espalda la voz cargada de ansiedad–¡Escapa!– la persona amada yacía en el suelo chorreando sangre y empujaba su cuerpo con la poca fuerza que le quedaba– ¡ Fue un error! ¡Por favor, sálvate!– gritó antes que un buche de sangre desgarrara su garganta, cerrando las vías respiratorias, lo atraganto en una agonía espantosa y mortal hasta caer sin vida.
Un dolor desgarrador lo recorrió ante la pérdida. ¡No! ¡No podía estar muerto! Su mente se negaba aceptar la muerte de su