¡Fuego!. Esa era la palabra exacta para describir las sensaciones que lo estaban recorriendo en aquel lugar. Su respiración era agitada, pesada, densa. Su cuerpo se había cubierto por una ligera capa de sudor ardiente. Se sentía excitado, desesperado, su miembro latía dentro de su pantalón. Pasó la lengua por los labios secos y tembló ante el tacto. Todo su ser estaba muy sensible, incluso la tela de su ropa le rozaba una y otra sofocándolo.
Tomó otro sorbo de su bebida casi terminada para apla