[DANE]
Al llegar a la oficina para buscar a Keira e irnos a almorzar, le pregunto a la recepcionista por ella. Por alguna razón, en lugar de marcar la extensión de mi novia, llama directamente a su secretaria. Ese pequeño detalle me inquieta incluso antes de que María aparezca unos minutos después en la recepción.
—Señor Bautista, bienvenido —me dice con una sonrisa forzada—. ¿Podría seguirme, por favor?
—¿Ocurre algo? —pregunto, ya con un nudo formándose en el estómago.
No responde. Camina en silencio por el pasillo donde se alinean las oficinas hasta que, de pronto, se detiene frente a la puerta de uno de los baños.
—La señorita Olavarría lleva encerrada aquí más de media hora —me explica en voz baja—. No quiere abrirle a nadie. Quizás a usted sí.
El corazón me da un vuelco.
—¿No intentaron abrir la puerta? —pregunto, acercándome.
—Dice que está bien… que no la molestemos —responde nerviosa.
—Está bien. Yo me encargo —le aseguro.
Golpeo la puerta de inmediato.
—¡Sirena! ¡Soy yo! Ábr