[DANE]
Al día siguiente
Abro los ojos por culpa del sol que golpea directo en mi cara. Durante un segundo me cuesta reconocer dónde estoy. El techo, la luz, incluso el silencio… todo se siente distinto. Mi mente hace un recorrido lento hasta que recuerdo la llegada de Buitrago de Lozoya, el cansancio acumulado, su pedido de que me quedara. Me incorporo un poco de golpe.
—¿Keira? —pregunto en voz baja.
La busco con la mirada por esta habitación impecablemente decorada, demasiado ordenada para haber sido escenario de lo que vivimos anoche. Entonces escucho el sonido del agua, el cierre de un grifo, ese ruido inconfundible que me confirma que está en la ducha.
Vuelvo a recostarme, mirando al techo, y sonrío sin darme cuenta. Me sorprende la cantidad de momentos así que estamos compartiendo: simples, cotidianos, silenciosos… y aun así cargados de significado.
—Buenos días —escucho su voz.
Levanto la vista y la encuentro al final de la cama, recién duchada, con una toalla envuelta alrededo