Capítulo 24. Nuevo donante.
Pasaba de la una de la tarde y la oficina de la fundación estaba más tranquila de lo normal, no se escuchaba ni el vuelo de una mosca.
Amanda estaba metida de cabeza revisando unos papeles, cuando de la nada la puerta se abrió de un solo empujón.
—¡Amanda, Amanda! ¡No lo vas a creer! —entró Adriana, casi sin respiración y con los ojos pelados.
Amanda levantó la vista de los papeles, soltando el bolígrafo con un suspiro de resignación.
—¿Qué pasó, Adri? ¿Cuál es el alboroto ahora? Por Dios, no m