Capítulo 23. Dos hombres.
Amanda estaba frente la cafetera, sirviéndose un café oscuro con una calma envidiable, vestida con una bata de seda que se abrazaba a sus curvas.
Desde el pasillo de la puerta, Víctor la observaba en completo silencio. Sus ojos azules estaban fijos en un solo punto: las manos de su esposa.
Esas mismas manos de dedos largos y uñas perfectamente arregladas que, apenas un par de noches atrás, se habían deslizado con tanta audacia por su pecho desnudo.
Esas manos que lo habían tocado con tanta hamb